De Bangkok a Siem Reap fue la última hora de vuelos. Desde arriba, la disposición de terrenos que vi por la ventanilla, primero de Tailandia y después de Cambodia, fue lo primero que me hizo sonreír: en Tailandia los terrenos son en general rectangulares y están uno al lado del otro formando rectángulos aún más grandes. A lo sumo alguna que otra variante, pero siempre ángulos bien definidos.

Cuando empezamos a sobrevolar Cambodia la diferencia fue abismal. En general no hay límites identificables desde arriba. Hay casas que, a ambos lados del río, siguen la trayectoria del agua. También rodean calles asfaltadas centrales. Lo mismo, a un lado y al otro de la calle. Menos casas, más bajas. Áreas enormes sólo de vegetación.

Invierno y un calor absolutamente soportable pero una humedad, una humedad que se te pegan los dedos del pie. A simple vista, ya desde lejos podía ver yo la diferencia y por qué tan circunstancialmente estaba aterrizando en Siem Reap y no en Bangkok. O todo es aleatorio y eso lo vuelve fenomenalmente impactante o es tan arbitrario que arruina lo vivo de vivir.

No quiero saber. Me entretengo observando y generando opiniones de todo y más aún. Me lleno de palabras, oraciones, pensamientos que armo y desarmo hasta que me canso y se pone afónica la mente entonces me duele un poco la cabeza y no me callo pero me canso y con cansancio todo se pone lento, bajito y me duermo.