Preludio
Camera
Olympus Umju 140
Author
Carla Repetto
Date
June 2017.
5.44 am | Biskungwi estaba despierto desde muy temprano. Lo escuché alrededor de las tres de la madrugada ir y venir, encender luces, entrar a la cocina y darle de comer a los perros. Miré el reloj, era muy de noche, me di media vuelta y seguí durmiendo. Me volví a despertar a las seis, tenía muchas ganas de ir al baño, intenté contraer el abdomen pero dolor se fue más arriba, así que casi sin abrir los ojos levanté la red, me puse las zapatillas como si no supiese usarlas y salí al baño. El desayuno recién iba a estar a las ocho y media y al parecer esa mañana no había yoga. Salude a Canela, la mecí un rato en mis brazos y me cambié. Volví a alistar mi mochila y salí porque Shagannat estaba llamando a los voluntarios para la caminata matutina. Salimos por el lado oeste de la finca y caminamos por uno de los senderos Tayrona, Biskungwi nos guiaba. Estaba con su traje blanco y borceguíes, un gorro verde inglés como de gamuza y el pelo en una cola baja hacia atrás. Su voz me hace sonreír.
Estoy metida hace siete días en un centro de yoguis que adoran deidades de ocho brazos representadas en estatuas de un metro de alto a las que les dan de comer.
A uno le falta un ojo; hay una mexicana de dientes separados; una pareja krishna-ecuato-peruana con su hijo de cuatro que se me pega como moco; una colombiana casada con un señor de acá y varios hombres de dudosa procedencia. Después estamos los voluntarios y no tan devotos: Laura, Collin, Luis, Georgina, Maja, Rich y yo.
Comemos en una mesa para cuatro en la que cabemos dieciséis. Nombraron varias veces una universidad y un proyecto que hasta ahora son cimientos y varias cañas de bamboo.
Gambhira tiene lo que muchos quisieran: un pedazo de tierra súper fértil en la Sierra Nevada, el pulmón de la humanidad, según los ancestros de esta comunidad. No me extrañaría que así sea; la diversidad de insectos y bichos, sonidos, frutos y plantas que hay son dignas de un manual completo de biología. Mucha más vida que en cualquier otra reserva que haya visitado en Brasil, Ecuador, Perú o México.
El sentido de pertenencia y la contradicción que le han generado los años a las etnias que conviven en esta montaña (muchos acá le dicen mágica) hace de los detalles algo abrumador para la actualidad.
A veces siento que esto y el mundo exterior no compatibilizan, como si no pudieran convivir. ¿Esto se extingue o se expande? A veces me parecen irreproducibles en el contexto exterior este tipo de rituales que se dan por y para todo; todo es místico y no hay rutinas, hay rituales y devoción, mucha devoción.
Pasan algunas cosas, eso sí, raras. Pájaros celestes de plumas largas, rocas que facilitan a la meditación, vientos repentinos y follaje fluorescente, también a modo de prohibiciones: las basicas, alcohol, drogas ilegales, cigarrillos, pero también ajo y cebolla.
Lo raro para mi es que no dejan de hablar de sacerdotes yoguis. O predicadores, no sé qué son en realidad. Son como en el catolicismo los curas. Están del tomate, pero si me costaba creer que un dios haya creado el mundo en 7 días, cómo hago con los hombres de cuatro cabezas y la conexión telepática?
No tengo forma de argumentar por qué esto sí y lo otro no, pero esto me cae todo mucho mejor. Estimulan la glándula pineal y les gusta el Santo Daime, no sé qué opinaran los devotos sobre los gays o la marihuana… pero hasta ahora, a pesar de su rareza muy similar a la de los cristianos, parecen tener mejor sentido del humor y cocinan mucho más rico.
